INFORMACIONES PSIQUIÁTRICAS 260

Informaciones Psiquiátricas 2026 - nº 260 49 ticipantes difiere del de los profesionales que acompañan el grupo, surge un reto que debe ser abordado con responsabilidad. Para hacer frente a esta diferencia, se considera que el desarrollo de competencias culturales es una herramienta clave. Estas competencias se refieren al conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que permiten al profesional responder con sensibilidad y eficacia ante un encuentro intercultural (8). La ausencia de estas competencias puede generar fácilmente interpretaciones erróneas, malentendidos y barreras en la comunicación (9). Finalmente, se aborda un último aspecto clave en el trabajo grupal con jóvenes migrantes: la cuestión de la traducibilidad cultural y la función de la mediación. Desde la antropología, el método comparativo ha sido uno de los principales recursos para comprender otras culturas. En este sentido, J.Cruces introduce el concepto de traducibilidad cultural para referirse a la posibilidad —y también al límite— de traducir significados, normas, valores, prácticas y símbolos de una cultura a otra. Señala que “las culturas no resultan conmensurables cuando lo que se trata es de compararlas término a término, tomando como canon un rasgo cultural aislado, sacado de su contexto. Comparaciones así producen incongruencias, cuando no puras proyecciones de etnocentrismo” (10). Desde esta perspectiva, la mediación cultural cobra una función central. Las mediadoras culturales permiten crear puentes de comprensión, evitando sesgos etnocentristas, ya que encarnan simultáneamente los marcos culturales del país de acogida y del país de origen de los participantes. Estos marcos culturales contienen distintos niveles: algunos pueden ser equivalentes y traducibles, mientras que otros resultan inconmensurables. La tarea de la mediadora consiste, precisamente, en hacer comprensibles estos últimos. Siguiendo el planteamiento de Cruces, su papel incluye garantizar la denominada “justicia interpretativa”: es decir, reconocer al otro como sujeto, permitiendo que todas las voces sean comprendidas en sus propios términos culturales y lingüísticos (10). Un abordaje transcultural óptimo debería incluir saberes de diversas disciplinas para abarcar la complejidad de estas prácticas grupales. De ahí, la importancia de ampliar la mirada clínica integrando otras propuestas que eviten la simplificación y el reduccionismo. Así, junto a los aportes de la psicología y la psiquiatría, resulta enriquecedor incorporar aprendizajes procedentes de la filosofía, la antropología o la etnopsiquiatría. En esta línea, se considera relevante recuperar el pensamiento del antropólogo y filósofo Lévi-Strauss. En 1973, este autor conceptualizó la cultura como un sistema complejo de referencias que va convergiendo en el individuo, a modo de estructura subyacente, y le permite desenvolverse dando sentido al mundo. Lévi-Strauss escribe: “Desde que nacemos, lo que nos rodea hace penetrar en nosotros, por mil caminos conscientes e inconscientes, un sistema complejo de referencias consistentes en juicios de valor, motivaciones y centros de interés” (11). PRÁCTICAS TERAPÉUTICAS GRUPALES PARA JÓVENES MIGRANTES NO ACOMPAÑADOS CON UNA MIRADA TRANSCULTURAL

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