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Informaciones

Psiquiátricas

2019 - n.º

238

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Introducción

El género es una categoría de análisis de la

realidad al igual que lo es la etnia, la clase

social, el nivel educativo, etc. Los estudios

de género nos proporcionan un modo de aná-

lisis de la realidad basada en esta categoría.

La noción de género surge a partir de la idea

de que lo femenino y lo masculino no son

hechos naturales o biológicos, sino construc-

ciones culturales (Amorós, 1995). El axioma

central de la teoría de género, es que éste

es una construcción social, y que conforma

nuestra identidad y modos de comportamien-

to según unas normas establecidas (manda-

tos de género). El género son por lo tanto,

“todas las obligaciones, comportamientos,

pensamientos, capacidades y hasta carácter

que se ha exigido que tuvieran las mujeres por

ser biológicamente mujeres”

(Varela, 2013).

El término género apareció por primera vez

en 1968, por parte del psicólogo Robert Sto-

ller en sus estudios sobre los trastornos de la

identidad sexual, donde definió la “identidad

de género”. Sin embargo, fue unos quince

años antes cuando lo que entendemos hoy

por género ya fue nombrado y definido por

la filósofa Simone de Beauvoir en su libro E

l

segundo sexo

(1949), quien lo describió así:

“No se nace mujer, llega una a serlo”

. Es a

partir de 1995, durante los trabajos prepara-

torios de la IV Conferencia Mundial sobre las

Mujeres de las Naciones Unidas celebrada en

Pekín cuando el término género se empezó

a usar oficialmente como

“la forma en que

todas las sociedades del mundo determinan

las funciones, actitudes, valores y relaciones

que conciernen al hombre y a la mujer”

(De-

claración de Beijing, 1995)

La perspectiva de género, por tanto, es el

marco teórico que señala que el género es un

constructo social y que existe una relación

de poder entre los géneros, privilegiando al

masculino como grupo social y subordinando

el femenino, y que esa jerarquización tiene

como consecuencias la desigualdad de po-

der, de oportunidades y de derechos (Gamba,

2008). Es el método de análisis social que

ha permitido ver la ocupación del espacio,

en todos los ámbitos, por parte del género

masculino, provocando consciente o incons-

cientemente la invisibilidad y discriminación

del femenino.

No obstante, este enfoque continúa siendo

una asignatura pendiente en el ámbito de

la salud mental. No se cumplen los están-

dares internacionales (Comisión de las Co-

munidades Europeas, 2005) y esto perjudica

la consecución del objetivo de igualdad de

género, condicionando también el efectivo

ejercicio de otros derechos fundamentales de

la persona, en este caso, los derechos de la

mitad de la población, las mujeres (Comisión

Europea, 2008).

A este respecto, destaca por su relevancia

el informe elaborado por Jill Astbury en el

año 2001 a partir de una mesa de trabajo que

tuvo lugar durante 54th World Health Assem-

ble organizada por la Organización Mundial

de la Salud. Dicho informe, denominado

“Di-

ferencias de Género en Salud Mental”

, pone

de manifiesto múltiples problemáticas a este

nivel que, a pesar del tiempo trascurrido des-

de su elaboración, aún siguen encontrándose

a día de hoy. Astbury (2001), en su informe,

señala las siguientes conclusiones:

Aunque las tasas de depresión varían no-

tablemente entre países y se encuentran

influidas por factores macrosociales, casi

siempre se informa que la depresión es el

doble en las mujeres en comparación con

los hombres en diversas sociedades y con-

textos sociales.

Las diferencias de género que se localizan

en los patrones de ayuda para la búsqueda

de tratamiento junto con claros estereoti-

ANÁLISIS DE LA VARIABLE GÉNERO Y SU INFLUENCIA EN LA DERIVACIÓN A LOS RECURSOS

DE ATENCIÓN EN EL ÁMBITO DE LA SALUD MENTAL